
Me pregunto muchas veces el porque del arte, de la literatura, de la música y de las otras especialidades que solo sirven para embellecer nuestra vida. La respuesta es un simple no se, el mundo vive de espaldas a estas "cosas". "El pensamiento
contemporáneo es un timo". Hay otras preocupaciones en la gente común. Los artistas hacemos arte
para nosotros mismos y para unos cuantos intelectuales que son tan
olvidadizos como aduladores. Nunca
habíamos puesto en juego la vida como ahora, todo la acorta y sin embargo la población es cada vez más vieja, pero no por ello más sabia. He llegado a la conclusión, seguramente errada, de que este mundo no necesita profetas, sin embargo se agarra a un hierro ardiendo en busca de esperanza.
Esperanza, ¿para qué?, si no sabemos utilizarla en nuestros momentos cotidianos y esperamos que no las den los dirigentes del mundo. Me da pena ese pensamiento y a la vez horror. Ellos harán caso omiso a los ruegos que vengan de nuestra parte, si no son muchos y vienen acompañados de una huelga general.
Ahora, que se acerca la navidad y todo el mundo hace promesas, solo veo gente incapaz de cumplirlas, de llevar a cabo las más mínima situación que cambie su vida. Y los artistas seguimos hablando de arte, arte social y comprometido para unos cuantos, belleza para unos pocos, y basura ininteligible y cara para la
mayoría, que no se dan cuenta que detrás de cada obra se oculta el mundo en el que ellos viven y las artes
comtemporáneas tienen la facultad o el defecto de mostrar al hombre como es, en este momento.
Dentro de unos años, cuando el arte actual se convierta en
ismo, o sea "el decenio
ecléctico", tendremos ante nuestros ojos la historia personal que hemos vivido y entonces puede que la generación futura ponga en su casa un
poster de Esther
Ferrer como decoración.
En la imagen "La frágil memoria", fotografía a color. Edición de 5 ejemplares.